Marta, cuarenta y ocho años, subió por Soaso con dudas en las rodillas y miedo a la noche. Con descanso planificado, sopa caliente y botas cómodas, descubrió que el alba compensa cada esfuerzo. Hoy guía a su grupo escolar en salidas cortas.
En Collado Jermoso, Luis despertó con paredes incendiadas por la primera luz. Había llegado sin prisa desde Fuente Dé, apoyado en bastones y paciencia. Bajó temprano, llamó a su hija desde el valle y prometió repetir juntos la próxima luna nueva.
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